Desplazamiento

Lo mismo que el óptico que gradúa nuestra visión comenzando por mostrarnos las letras más gordas y separadas espacialmente, así experimenta el artista: pasando de la imagen objeto, separado y espacialista, del objeto próximo y real, a la imagen lejana de ideas, a la imagen vacía, disminuyendo la letra para que no sea un estorbo. Este es el problema: acercar o alejar.

OTEIZA, Jorge de

Pienso desde el convencimiento que sintetizar es mentir. Por ello desistía habitualmente de plasmar mis pensamientos o sentimientos, por ahorrarme de alguna manera el sobreesfuerzo y la frustración de no conseguir transcribir fidedignamente, no lo que siento o pienso en ese nuevo instante, sino lo que recuerdo de aquello en el momento justo de iniciar la escritura.

No fue hasta hace muy poco cuando reparé en que es precisamente en ese margen, en ese desacompasamiento, donde se encuentra el verdadero sentido del arte. En el sentido mismo de la palabra transcripción, en ese desplazamiento necesario que se produce de un plano, puede que mental, a otro, físico. En el desplazamiento de un lugar a otro, de un medio a otro. De un lenguaje a otro distinto, o del dibujo a la palabra y viceversa.

El hecho de verme en la necesidad de resumir[me] para ser entendido, ha provocado una recreación verosímil de aquellas sensaciones; quizás porque el sentido completo de la idea no empezó a completarse hasta el momento justo de empezar a escribir.

De la misma manera que un lanzador de esgrima enfoca a su adversario y no a su propio puño para golpear más eficazmente en el blanco, el distanciamiento respecto del proyecto, el relato en este caso, o más precisamente respecto de su contenido, permite observar la complejidad en su conjunto hasta entrever su esquema organizativo, su todo, de una manera mucho más despejada y menos artificiosa. Como si las ideas y comentarios sobre las que no reparamos diariamente permanecieran escondidas hasta el día y momento adecuado, aguardando furtivamente para atacar en el momento justo.

Proporción

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En julio de 1981, en la redacción del Building Design, revista británica de arquitectura, recibí una carta de James Stirling. Presentaba un recorte de artículo del Runcorn Daily News, un periódico local del noroeste de Inglaterra, en el área de Liverpool. «Espero que a sus lectores les divierta tanto como a mí», era el seco añadido de Jim. Desdoblé la hoja. El titular decía: «Policía [Police Girl] observa hombre desnudo en pose divina».

PEARMAN, Hugh ~ The naked and the demolished: the scandalous tale of James Stirling’s lost Utopia, artículo de la revista Architect, diciembre de 2010.

En 1981, un grupo de enfermeras cuyo autobús pasaba por el barrio de Southgate, en Runcorn, Inglaterra, decidió llamar a la policia. Las trabajadoras estaban cansadas del espectáculo que contemplaban todos los días: siempre a la misma hora, un hombre de 36 años padre de dos hijos se asomaba desnudo a una de las ventanas redondas de su apartamento.

La policía decidió enviar a una oficial a constatar los hechos. Su declaración en la vista para resolver la denuncia fue: «apareció allí desnudo, me saludó y sonrió». Por su parte, una de las enfermeras añadió que a veces el hombre se colocaba con los brazos y piernas extendidas. «Ciertamemente parecía Dios».

En realidad, la enfermera parecía querer referirse al famosísimo dibujo de Leonardo da Vinci, el hombre de Vitruvio, que representa una figura humana inscrita en un círculo con brazos y piernas en diversas posiciones simultáneas.

El abogado de nuestro protagonista organizó su defensa culpando al arquitecto, ya que ventanas tan excéntricas no podían servir más que para producir ese tipo de incidentes. Lo irónico del asunto es que Stirling probablemente trabajó con las proporciones humanas a la hora de diseñar los huecos, apelando al exhibicionismo de modo subconsciente.

Sea como fuere, exhibicionistas y enfermeras, ventanas redondas y cuadradas, hormigón y chapa, todo eso ha pasado a la historia porque Southgate, concebido a finales de los sesenta y construido a lo largo de la década siguiente, fue demolido a principios de los años 1990.

El Pruitt-Igoe inglés para los críticos, las lavadoras o Legoland para los inquilinos, este barrio con veinte años escasos de vida se fue por donde había venido principalmente porque la empresa que gestionaba los apartamentos pensó que sería más rentable echar abajo los pisos ya devaluados y vender los nuevos que afrontar las cuantiosas reparaciones necesarias sobre todo en el sistema de calefacción, que se demostró un desastre arquitectónico al poco tiempo y encareció de forma imprevista el precio de los alquileres.

Southgate, que venía con la Shopping City debajo del brazo, un gigantesco centro terciario a la americana que se pensaba que funcionaría como núcleo comercial atrayente de la región —otro fracaso que apuntarle al planeamiento setentero—, representaba la aparición de un hábitat de 289 hab/Ha en una pequeña localidad del noroeste de Inglaterra, un monstruo descomunal para los habitantes de Runcorn con sus calles elevadas de hormigón armado y sus casas de lata. Los pisos no se vendían —en los años 1980 la ocupación nunca estuvo por encima del 70%—; los inquilinos le echaban la culpa al ambiente degradado, el arquitecto a las normativas municipales y los plazos apresurados, los administradores a la subida del precio del petróleo, todos lo mataron y la piqueta lo derribó.

El caso es que lo que ha venido a sustituir al malogrado proyecto de Stirling no es mucho mejor. La degradación ya es palpable, y paradójicamente la dimensión más contenida del nuevo barrio —se pasó de 1300 a 554 viviendas— ha provocado carestía de vivienda social de alquiler en la región. Si los setenta no funcionaron y los noventa no están funcionando, que el recurso sorprendente -por manido- de construir casas de estilo victoriano en pleno siglo XXI sea la solución es algo que está por ver.

Manifiesto

Fehn_Venezia_1962

Me gusta evocar la imagen de un árbol cuando pienso en mi música, a medida que pasa el tiempo crece hacia arriba buscando nuevas direcciones, pero inevitablemente a su vez el árbol se alimenta profundizando más y más en sus raíces.

BRAHEM, Anouar ~ Músico y compositor tunecino.

Existe una condición intrínseca al acto de crear —o mejor al de existir, ya que se trata de la misma cosa en distinto estado de madurez— y es aquella de verse expuesto al mundo inevitablemente, a la opinión voraz y la comparación instantánea con los elementos restantes: infinitos componentes de un conjunto en constante cambio cuyo pasado no hace más que crecer.

Pasa, por tanto, que crear es congelar nuestro presente para aportarlo al futuro imaginario de comparaciones, algo así como aportar nuestro granito de arena a la altura del listón de la humanidad que viene. La arquitectura, como la vida, trata de explicitar preferencias y basta olvidar esto un solo instante para echarlo todo a perder. No cabe la posibilidad de resolver un problema asépticamente, cada proyecto es, lo queramos o no, un manifiesto.

Sverre Fehn, posible y paradójicamente el Pritzker menos mediático, tenía esto bastante claro y en cada obra demostraba el pensamiento que lo acompañó durante toda su vida. Fehn proponía que la única manera de entablar una conversación con la historia era poner de manifiesto lo nuevo, su presente; si por el contrario decidiéramos correr tras el pasado, jamás conseguiríamos si quiera darle alcance.

Umbral


La palabra «umbral» [soglia] no significa solo la línea de tránsito entre la calle y el interior de la casa, sino que al mismo tiempo se usa en sentido metafórico para indicar un límite entre lo interior, lo que pensamos, lo que vemos, lo que podemos llegar a ver, lo que debemos ver y lo que en última instancia vemos y determina una realidad que puede ser compartida, o sea entre nuestro interior y la observación del mundo.

GHIRRI, Luigi ~ Lecciones de  fotografía, clase del 19.01.1990.

¿Qué mejor forma de comenzar a escribir que escribiendo sobre comienzos?

El punto en el que uno está dentro o fuera, empieza o acaba, nace o muere, es un umbral. Umbral es una palabra que remite, si no etimológicamente en sentido estricto, sí en otros muchos a la idea de sombra (umbra), de paso del abierto al cerrado, de la naturaleza al refugio, a estar a cubierto.

En cambio, la palabra italiana que vendría a ser su equivalente, soglia, nos dirige en una dirección complementaria, la del suelo, el pavimento distintivo que nos indica que nos encontramos en un hogar.

Es nuestro deseo apropiarnos de dicha ambivalencia y hacer pasar por el umbral de este blog todo tipo de objetos: antiguos, modernos, comunes, extraños, etéreos, físicos, en la esperanza de que el tránsito será una experiencia de por sí interesante y abierta a dar cobijo a todo aquel que quiera detenerse y mirar a través.