Instante

Hay también numerosas cruces en Roma que, al besarlas, concenden indulgencias bajo diversas condiciones. La que se encuentra en el centro del Coliseo confiere un centenar de días, y puede verse gente besándola desde el alba hasta el ocaso. Es curioso cómo algunas de estas cruces parecen adquirir una popularidad arbitraria; esta especialmente entre todas. En otra parte del Coliseo hay una cruz sobre una placa de mármol, con una inscripción que reza: “Quien besare esta cruz obtendrá indulgencia por doscientos cuarenta días”. Pero no vi a nadie jamás besarla, aunque, día tras día, me sentaba sobre la arena y contemplaba masas y masas de campesinos pasar delante de ella, camino a besar la otra.

DICKENS, Charles ~ Imágenes italianas

Hay muchas formas de restaurar un edificio; del Coliseo de Roma podría decirse que las ha visto todas.

     Si restaurar es recomponer la imagen exterior de un edificio y con ello su integridad, no hay más que darse una vuelta por las arcadas del lado sur para percatarse de que no son precisamente originales;

     si restaurar es resignificar un lugar dándole una nueva capa de connotaciones y simbolismo, la intervención del Papa Benedicto XIV al erigir en la arena las catorce estaciones del Via Crucis y la gran cruz cristiana convirtiéndolo en un punto de peregrinación convendremos en que es un ejemplo inmejorable;

     si restaurar es reutilizar, dar un nuevo uso a una pieza en desuso, la conversión medieval del Coliseo en fortaleza de los Frangipane, que alzaron un murallón defensivo usando los arcos triunfales de Tito y Constantino como entradas, nos parecerá de lo más apropiada;

     si restaurar es reinterpretar, el proyecto de Carlo Fontana para construir una iglesia en un extremo del anfiteatro nos vendrá al pelo como muestra de focalización de un espacio que siempre había estado privado de esta espacialidad;

     si restaurar es reubicar, entonces tenemos pequeñas partes de Coliseo por toda Roma, que, cual barco de Teseo, ha ido cambiando y donando gentilmente a los romanos que las tomaban para fabricar cal viva u ornar nuevos monumentos, algunos de los cuales curiosamente no le han sobrevivido;

     si restaurar es reproyectar, la idea de Sixto V de transformar el edificio en una hilandería creando un nuevo foco industrial y comercial en una parte de la ciudad que estaba poco menos que abandonada la veremos como preclara;

     y si restaurar es detener el tiempo, responder a su acción devastadora con un non plus ultra, alterar el curso natural de destrucción y renovación de las cosas, hacer que la idea de instante se vuelva literal, cristalizar el momento preciso en que pone su mano el hombre sobre el devenir del tiempo y le da el alto, entonces la intervención de Raffaele Stern que abre este post nos parecerá llena de una combinación de violencia y sutileza sobrecogedoras que pocas veces en arquitectura podemos encontrar.

N. del A.: Sólo algo después de publicar esta entrada, hemos tenido el placer de descubrir que presentaba una ausencia notable. Si uno está lo suficientemente dispuesto a estar siempre aprendiendo, es cosa conocida que muchas veces no es el futuro, sino el pasado el que va más rápidamente que nosotros y nos alcanza en sus realizaciones, dando sentido nuevo a lo que antes era sólo intuición. Baste esta anotación al margen, esta superposición como homenaje al icónico remonte del Coliseo del grupo Superstudio.

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